"No le cuentes tus historias al papel" - escuchaba aquel mediodía de la boca de ese profesor amargado que jamás consiguió que ni siquiera su propio lápiz lo tomara en cuenta. "No le cuentes tus historias al papel, ya me oíste", repetía sin cesar al leer tal escrito que salía al fundir mi alma con la hoja. Y me fui a casa así, "no le cuentes tus historias al papel".
"Estoy harto" - me decía a mi mismo sentado a los pies de mi cama. Decidí ir a dar una vuelta a la pobre librería a la vuelta de casa. Cada día más vacía, cada día más 'deslibrada'. Los impuestos, la constante inflación, la censura gubernamental, cada día más vacía, menos libros, menos historias, menos personajes, menos recuerdos, menos pasado haciéndose presente. Y ahí estaba yo, en medio de aquellos 8 pasillos, de los cuales sólo 3 mantenían uno que otro libro revoloteando por sus estanterías. "¡Sólo tres! ¿Cómo será el mundo tan inculto como para despoblar tantos estantes de lo único que mantiene vivo la historia y gran parte de la creatividad de una persona? ¿Cómo?" - me cuestiono constantemente. Pero ahí estaba. "No le cuentes tus historias al papel" - resonaban aquellas palabras en mi cabeza. Tantos autores aquí, entre estas tablas de madera que le contaron sus historias al papel y este mentecato me sugiere que no lo haga más. Desde los reinos más antiguos como China, Egipto o Israel hasta los más recientes como Reino Unido, Alemania o Francia, repletos de personas y personas que escribieron, que basaron sus historias en otras historias o, incluso, en la suya propia. Ahí estaban y quieren suprimir la cultura del libro, suprimir la historia de la humanidad, suprimir sus propias historias, sus propias vidas.
Me amargué. Volví a casa, preparé un mate, me senté a la mesa con una pequeña libreta que tengo guardada para mis escritos, y ahí empecé a fluir, empecé a moverme, a bailar sobre aquel virginal papel, a fundirme en él, y mezclarme con su inocencia, comencé a contarle mis historias, día tras día lo hice, ya no era una libreta, sino dos y tres, se llenaron, me emocioné. Tres meses de aquel eterno vals, de aquella eterna conversación con mis amigos: papel y lápiz.
Años después esas libretas llegaron a los grandes puestos de librerías en un sólo libro que nació a partir de lo que en ella había plasmado tiempo atrás, pero que finalmente terminaron siendo uno más en aquella abandonada librería vieja que había a la vuelta de mi casa, en mi casa de la niñez.
"No le cuentes tus historias al papel" - recordé.
Un espacio donde encontrarás cuentos, poemas y reflexiones para tu día a día
jueves, 11 de diciembre de 2014
miércoles, 10 de diciembre de 2014
Un fracaso. Una historia.
Miro mi reloj: 12:35 de la madrugada, mi vaso de whisky en el velador, mi maquina de escribir en el escritorio y sentado en mi cama con la pluma y el papel. ¿Qué crear ahora? Me siento seco, como aquella vez que dejé mi frasco de tinta abierto por 4 horas en un asqueroso día de verano, un calor insoportable, tanto que el propio pellejo ya era intolerable. Un mosquito de aquí para allá rodea mi habitación, ¿dónde dejé el insecticida? ¿apagué la luz de la cocina? ¡¿cerré el gas?!
Soy una mente dispersa, así jamás podré escribir otra gran obra en mucho tiempo. Un éxito ya había sido demasiado para mi corto talento al parecer. Tendría que resignarme a alguna esporádica columna periodística o abrir un blog en internet, tal vez, de todas formas, eso es lo que está de moda por estos días. Soy un desagradable escritor anticuado que ama ese olor a tinta, ese dulce roce de la punta de la pluma sobre el papel y aquí estoy, pensando en algún amor que me inspire:
"Oh, blancas rosas bailan en medio del jardín
Blancas como tu tez al asomarse a mis ventanas
Tranquilas como tú en medio del diario trajín
De aquellos transeúntes de estas frías veredas"
Y sí... es verdad que Lucía de la Fuente fue la gran musa de aquellos tiempos en que mi escritura era conocida. ¿Sería ella la clave de mi éxito? A final de cuentas, pensando en ella, manteniendo vivo su recuerdo logré unos dos o tres cuartos de mi libro. Una musa con M mayúscula. Una europea, blanca como la sal, dulce como la brisa suave de primavera en medio de los campos, una verdadera musa, de esas que no suelen verse en la costa este de esta desolada Sudamérica. Pero ahí estaba y era mía. Era mía y de nadie más. Un idiota fui, porque la dejé ir y ahora me duele su recuerdo. Me enfrasqué en esto que ya no fluye y me convertí en el solterón abandonado de Palermo. Virgen a los cuarenta porque el boludo nunca se casó y nunca tuvo ninguna aventura con nadie fuera de Lucía de la Fuente. Pero mi aventura se convirtió en escritura, me enamoré de las letras como un joven se enamora de su mejor amiga de la infancia, esa pequeña amiga de toda la vida. Yo le contaba mis secretos al abecedario. Le contaba mis historias al papel y me reproducía con las teclas duras de esta vieja máquina de escribir, que adquirí por allá en medio de los '70 en mi viaje a París. Soñaba con una europea, ahí la tenía, pero tanto esperé por tenerla en mis brazos que mi espera me consumió el deseo pasional juvenil y gritó su oposición la literatura en mi interior. Y aquí estoy... 12:54 de la madrugada y aún no escribo nada, miro mi hoja y pienso en lo idiota que he sido a lo largo de mi vida al enfrascarme en algo que no echó raíces, que hoy no me dejó nada más que una gran amiga: la pluma de mi abuelo.
Ya estoy pisando los 60 años y nada. Un sólo libro he escrito y fue el boom del momento, un momento más efímero que los 15 minutos de fama de un pelotudo que se para frente a una cámara a criticar o hacer "política" en esta Nación que me vio nacer, que extendió sus alas celestes y su sol me sonrió el día en que nací, pero que al otro día me dio la espalda, porque no era lo suficientemente bueno como para llevar el orgullo de haber nacido bajo sus alas. Y no lo fui. No me comparo en nada a colegas como Sábato, Cortázar o el gran Borges. Soy un fiasco con cara de yankee. Sí, para ser un fiasco, tienes que parecer uno, ¿no les parece? Pero no te puede bastar parecer uno cualquiera, tienes que parecerte a la escoria más grande registrada en este planeta.
No puedo dejarla, no puedo dejar esta pluma tirada, pero tampoco puedo abandonar el afable, ya indoloro, recuerdo de Lucía. No puedo, no puedo, no puedo. Debo hacerlo, debo volver a encaminar mi vida en las vías del dinero y del eterno consumismo, debo dejar de mendigar migas de pan entre mis amigos y antiguos lectores. Mas, cuando te enamoras, ¿qué te puede destruir? Nada. Nada en lo absoluto. Amas con locura, con ceguera, con temeridad, no hay toque alguno de precaución ni de seguridad, te entregas hasta lo sumo, hasta fundirte en ese amor, hasta fundirte en el cuerpo del recuerdo, ser uno más que cuente la historia, uno más que sea parte de la biografía que a tan dulce musa pertenece.
Otra hoja más en dirección al tacho de la basura, una vez más que la pluma habitará bajó las tenebrosas sombras del cajón de aquel viejo escritorio, otro vaso de whisky que sólo será el objeto interesante de algún pequeño relato que surja en algún momento y que ahora es el elixir que me llevará a los brazos de mi íntimo amigo, Morfeo, cuando tres "uno" me marcan la hora de partir el viaje, donde las ideas vuelan y los recuerdos florecen en su máximo esplendor.
Soy una mente dispersa, así jamás podré escribir otra gran obra en mucho tiempo. Un éxito ya había sido demasiado para mi corto talento al parecer. Tendría que resignarme a alguna esporádica columna periodística o abrir un blog en internet, tal vez, de todas formas, eso es lo que está de moda por estos días. Soy un desagradable escritor anticuado que ama ese olor a tinta, ese dulce roce de la punta de la pluma sobre el papel y aquí estoy, pensando en algún amor que me inspire:
"Oh, blancas rosas bailan en medio del jardín
Blancas como tu tez al asomarse a mis ventanas
Tranquilas como tú en medio del diario trajín
De aquellos transeúntes de estas frías veredas"
Y sí... es verdad que Lucía de la Fuente fue la gran musa de aquellos tiempos en que mi escritura era conocida. ¿Sería ella la clave de mi éxito? A final de cuentas, pensando en ella, manteniendo vivo su recuerdo logré unos dos o tres cuartos de mi libro. Una musa con M mayúscula. Una europea, blanca como la sal, dulce como la brisa suave de primavera en medio de los campos, una verdadera musa, de esas que no suelen verse en la costa este de esta desolada Sudamérica. Pero ahí estaba y era mía. Era mía y de nadie más. Un idiota fui, porque la dejé ir y ahora me duele su recuerdo. Me enfrasqué en esto que ya no fluye y me convertí en el solterón abandonado de Palermo. Virgen a los cuarenta porque el boludo nunca se casó y nunca tuvo ninguna aventura con nadie fuera de Lucía de la Fuente. Pero mi aventura se convirtió en escritura, me enamoré de las letras como un joven se enamora de su mejor amiga de la infancia, esa pequeña amiga de toda la vida. Yo le contaba mis secretos al abecedario. Le contaba mis historias al papel y me reproducía con las teclas duras de esta vieja máquina de escribir, que adquirí por allá en medio de los '70 en mi viaje a París. Soñaba con una europea, ahí la tenía, pero tanto esperé por tenerla en mis brazos que mi espera me consumió el deseo pasional juvenil y gritó su oposición la literatura en mi interior. Y aquí estoy... 12:54 de la madrugada y aún no escribo nada, miro mi hoja y pienso en lo idiota que he sido a lo largo de mi vida al enfrascarme en algo que no echó raíces, que hoy no me dejó nada más que una gran amiga: la pluma de mi abuelo.
Ya estoy pisando los 60 años y nada. Un sólo libro he escrito y fue el boom del momento, un momento más efímero que los 15 minutos de fama de un pelotudo que se para frente a una cámara a criticar o hacer "política" en esta Nación que me vio nacer, que extendió sus alas celestes y su sol me sonrió el día en que nací, pero que al otro día me dio la espalda, porque no era lo suficientemente bueno como para llevar el orgullo de haber nacido bajo sus alas. Y no lo fui. No me comparo en nada a colegas como Sábato, Cortázar o el gran Borges. Soy un fiasco con cara de yankee. Sí, para ser un fiasco, tienes que parecer uno, ¿no les parece? Pero no te puede bastar parecer uno cualquiera, tienes que parecerte a la escoria más grande registrada en este planeta.
No puedo dejarla, no puedo dejar esta pluma tirada, pero tampoco puedo abandonar el afable, ya indoloro, recuerdo de Lucía. No puedo, no puedo, no puedo. Debo hacerlo, debo volver a encaminar mi vida en las vías del dinero y del eterno consumismo, debo dejar de mendigar migas de pan entre mis amigos y antiguos lectores. Mas, cuando te enamoras, ¿qué te puede destruir? Nada. Nada en lo absoluto. Amas con locura, con ceguera, con temeridad, no hay toque alguno de precaución ni de seguridad, te entregas hasta lo sumo, hasta fundirte en ese amor, hasta fundirte en el cuerpo del recuerdo, ser uno más que cuente la historia, uno más que sea parte de la biografía que a tan dulce musa pertenece.
Otra hoja más en dirección al tacho de la basura, una vez más que la pluma habitará bajó las tenebrosas sombras del cajón de aquel viejo escritorio, otro vaso de whisky que sólo será el objeto interesante de algún pequeño relato que surja en algún momento y que ahora es el elixir que me llevará a los brazos de mi íntimo amigo, Morfeo, cuando tres "uno" me marcan la hora de partir el viaje, donde las ideas vuelan y los recuerdos florecen en su máximo esplendor.
sábado, 15 de noviembre de 2014
A veces se nace en el tiempo equivocado
A veces se nace de costado, a veces acorralado. A veces se nace en el tiempo equivocado, pensando como hace 40 años, pero en el siglo presente. Quizá 50, 60 o 70, en verdad, un siglo atrasados.
A veces se nace en el tiempo equivocado, buscando y hallando o encontrando sin buscar o buscando sin hallar. Hablamos sin escuchar, pero cuando escuchamos no hablamos; estamos en un mundo desequilibrado.
El tiempo equivocado, donde el mañana es hoy, el hoy fue hace algunos años, ¿y el ayer? El ayer es historia, una historia que nadie quiere escuchar. Perdimos la sensibilidad, la capacidad de soñar y, a veces, creemos haber nacido en el tiempo equivocado, con los compañeros equivocados, viviendo una muerte lenta, o una vida vacía, creerse en el lugar incorrecto...
Pero no se nace en el tiempo equivocado, sólo se nace, se nace, se crece, se reproduce y se muere. Al menos así, de simple manera, lo explica la biología. Pero falta algo: se siembra, se planta, se cosecha, se cosecha en el momento indicado, en el lugar correcto y en el tiempo más indicado.
Pero seguimos creyendo que, a veces, se nace en el tiempo equivocado...
A veces se nace en el tiempo equivocado, buscando y hallando o encontrando sin buscar o buscando sin hallar. Hablamos sin escuchar, pero cuando escuchamos no hablamos; estamos en un mundo desequilibrado.
El tiempo equivocado, donde el mañana es hoy, el hoy fue hace algunos años, ¿y el ayer? El ayer es historia, una historia que nadie quiere escuchar. Perdimos la sensibilidad, la capacidad de soñar y, a veces, creemos haber nacido en el tiempo equivocado, con los compañeros equivocados, viviendo una muerte lenta, o una vida vacía, creerse en el lugar incorrecto...
Pero no se nace en el tiempo equivocado, sólo se nace, se nace, se crece, se reproduce y se muere. Al menos así, de simple manera, lo explica la biología. Pero falta algo: se siembra, se planta, se cosecha, se cosecha en el momento indicado, en el lugar correcto y en el tiempo más indicado.
Pero seguimos creyendo que, a veces, se nace en el tiempo equivocado...
lunes, 10 de noviembre de 2014
La vida en off
Corría inmerso en el pavor de la niebla densa que cubría cada poro de mi cuerpo, sólo resaltaban los ojos que hacían contraste con el cielo, con los pajaritos azulados que revoloteaban por doquier, yendo hacia ningún lugar. La espera era inmensa, el hogar estaba cada salto más lejano y el final cada vez más cercano. ¿Me perseguiría algo? No lo sé, pero jamás había corrido tan rápido, empapado de un bosque verde añejo, de una espesa niebla que pintaba un gris tétrico y un cielo abierto de par en par, sin sol que lo acobijara.
Hace unas horas estaba sentado en la tranquilidad de mi sillón, lo último que recuerdo. Oí un estruendo y pareció que pasaron horas. Desperté golpeado en este bosque, mi reloj estaba parado sólo 23 minutos después de aquel ruido ensordecedor. Había mil carteles a mi alrededor que decían: Run! Run or die!
Debo llevar casi media hora corriendo, pero creo que esto no me lleva a destino, sólo doy vueltas en medio de este desolado miedo que carcome mi espíritu.
Ya logro divisar la salida de la niebla, logro divisar el fin de este bosque. Mi hogar cada vez más lejos, la muerte cada vez más cerca. No sé qué rayos hice, no sé por qué a mí, pero la angustia me invade cuando me doy cuenta de todo lo que dejo atrás. Mi familia, mis amigos, años de servicio salvando vidas, todo en la nada, todo en el vacío, todo dentro de todo. Se acabó. Ahí está la salida y sólo puedo oler el agridulce hedor de la muerte.
Salí y ahí estaba, estaba mi hogar, mi casa, mi años de trabajo, mis inversiones cayendo al vacío, en declive hacia el abismo. Salté sobre ellas, pero era demasiado tarde. Me hundí en el dolor y muerta ya estaba mi alma junto a mi superficial existencia. Era el fin, era el tope, era el cierre de esta calle sin salida llamada vida. Todo se hunde en el vacío junto a mí...
sábado, 18 de octubre de 2014
Carta al Viejin
Hola, ¿papá? ¿estás ahí? Uff... tantas cosas que contarte, tanto tiempo sin verte. Créeme, es difícil acostumbrarse a vivir sin ti. Se te extraña por estos lados, bastante, y en el otro lado de la cordillera, ya se te extrañaba, así que imagínate ahora. Las lágrimas se quieren asomar mientras escribo estás letras para ti, pero he aprendido a retenerlas en ocasiones, ¿por qué? No sé, pero aprendí un poco de las cosas que solías decir, como "no llores sobre la leche derramada", y sí, pensé que no lloraría más después de aquella semana del 13 de mayo... pero no ha sido así, estás ahí presente constantemente en mis recuerdos, en mi corazón. Es estúpido mencionarlo, pero obviamente no puedo enterrar los recuerdos, no puedo enterrar todos esos momentos que viví junto a ti y seguir así sin más, construyendo esta nueva vida que se presenta. Viejín... pucha que te extrañamos, que te extraño. He aprendido a hacer muchas cosas ahora que me encantaría haber compartido contigo. Lástima haber empezado tan tarde, que ya no estés aquí para esto, pero creo que heredé tu gusto por la cocina y por ahí dicen que le pego a la cosa. Conocí a una chica, y ya cumpliremos cinco meses, te hubiera encantado, es muy sencilla, linda y tierna. Y ha sido un tiempo fenomenal junto a ella. De verdad que te hubiese agradado mucho.
Tu cumpleaños se acerca, el primer aniversario de tu nacimiento sin ti. Que difícil. Cuánto te amo viejo. No fueron fáciles los últimos días que estuve contigo, empezando por todas esas horas esperando en el hospital para que nos dijeran que era un mísero quiste. Tu salud empeoraba y luego, teniendo que lidiar conmigo y mis sentimientos revolucionarios contra algunas autoridades. En eso quedamos, en eso quedamos... Hice las cosas que me pediste, pero ya era tarde. Ya era tarde, porque ya no estabas.
Sí Viejín. Sí papá. He crecido bastante, otro crecimiento de golpe más para la lista. No ha sido del todo oscuro, pero no es lo mismo sin ti, sin tus palabras, sin tu apoyo, sin tu compañía, sin ti uniendo más esta familia que formaste junto a mamá. Quizá no leas estas palabras jamás, pero aquí están, esperando algún día ser pronunciadas. Te amo papá y estés donde estés, te mando un fuerte abrazo. He aquí tu hijo que te ama, te admira y te extraña.
Nico...
Tu cumpleaños se acerca, el primer aniversario de tu nacimiento sin ti. Que difícil. Cuánto te amo viejo. No fueron fáciles los últimos días que estuve contigo, empezando por todas esas horas esperando en el hospital para que nos dijeran que era un mísero quiste. Tu salud empeoraba y luego, teniendo que lidiar conmigo y mis sentimientos revolucionarios contra algunas autoridades. En eso quedamos, en eso quedamos... Hice las cosas que me pediste, pero ya era tarde. Ya era tarde, porque ya no estabas.
Sí Viejín. Sí papá. He crecido bastante, otro crecimiento de golpe más para la lista. No ha sido del todo oscuro, pero no es lo mismo sin ti, sin tus palabras, sin tu apoyo, sin tu compañía, sin ti uniendo más esta familia que formaste junto a mamá. Quizá no leas estas palabras jamás, pero aquí están, esperando algún día ser pronunciadas. Te amo papá y estés donde estés, te mando un fuerte abrazo. He aquí tu hijo que te ama, te admira y te extraña.
Nico...
viernes, 3 de octubre de 2014
Emprendiendo un sueño en un eterno desvelo
Mi noche, tu noche, nuestra noche, la noche de todos. Soñando, volando, buscando, emprendiendo vuelos en sueños que no existen, un desvelo que no tiene fin, las almohadas son mis enemigas, las sábanas me envuelven con furia y las frazadas ahogan mis pensamientos. Por eso sueño, sueño en el desvelo, sueño con ojos entreabiertos, sueño despierto. Sueño que vuelo hacia tierras donde Morfeo está extinto, tierras lejanas donde los sueños son las realidades, y las realidades son sólo tristes pesadillas. Sueño. ¿Por qué sueño? ¿Por qué me quitas el sueño? Quizá al principio me lo quitabas, ahora simplemente te lo doy, porque me gusta soñarte, verte cuando no se puede. Sueño y escribo. Escribo y sueño. Letras que reflejan mis más profundos sueños, mis mundos más ocultos, mis divagaciones más certeras, mis mentiras verdaderas. Y sueño. Los ojos siguen entreabiertos y veo el alba, siento que el tiempo ha volado como si hubiera leído las páginas de un libro, pero sólo estaba allí, soñándote, leyendo nuestro libro, nuestra historia, nuestro viaje de ida y de vuelta hacia la luna montados en un caracol. Soñar... Soñar despierto, emprendido en medio de este desvelo sin fin, de ojeras que parecen toboganes, cascadas, fozas o grandes lagunas de recuerdos, de extrañarte, de soñarte. ¿Quién me manda a tanto? ¿Quién? Pero aquí estoy, entre un mediodía y un atardecer, soñando en mi eterno desvelo de tus recuerdos...
martes, 30 de septiembre de 2014
Cuando no sabes que te extraño...
Cuando se extraña, se extraña. Cuando se ama, se ama. Y a veces pasan las horas y esto incrementa: más amas, más extrañas. Y esperas cada segundo a que esa persona vuelva a estar delante de ti, vuelvas a sentir su respiración, vuelvas a jugar al cíclope en la cercanía de las miradas, vuelvas, vuelvas a sentir sus brazos abrazándote, sus manos acariciando tus cabellos. Vuelves a respirar tranquilo. Ya no hay preocupaciones, ya no hay mundo alrededor. Sólo tú y ella. Nadie más. Miradas que van y vienen. Pero cuando no estás... cuando no estás, simplemente no estás, pero no es tan simple. Simple es que no estuvieras y ya, pero no estás y faltas. Te das cuenta de que algo falta, algo está ausente, algo se encuentra apagado. Cuando no sabes que te extraño, realmente te estoy extrañando. Difícil de explicar, pero pasa. Somos animales de costumbres, como dicen por ahí. ¿Acostumbrado a ti? Quizá sea eso. Acostumbrado a verte, a sentirte cerca. No se trata sólo de una pasión física, es cuando te das cuenta que falta esa charla cara a cara, o simplemente ese momento para reír. Cuando no sabes que te extraño, estoy allí, detrás de tus ventanas, quizá también tienes presente eso y me extrañas. O quizá no lo hagas. Y gasto mi tinta, mis teclas, seco mi cabeza para buscar las palabras correctas que expresen todo lo que tengo que expresar. ¿Una canción, una frase, un poema robado? ¡No! ¿Para qué? Comenzar a buscar las palabras precisas para expresar todo lo que haya que expresar, decir todo lo que haya que decir... y aquí estoy, extrañándote cuando no sabes que te extraño.
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