lunes, 20 de marzo de 2017

Memorias y herencia

Noche, dulce noche
Amarga noche
Melancólica noche

Días recordando tu presencia
Por las veredas que antes recorrieras
Cómo olvidarte, cómo no recordarte
Extrañar tu esencia
Tu consejo eficaz
Aquel paternal soporte

Tiempo ha pasado, sí
¿Pero qué es el tiempo?
Esa arena cayendo por el reloj
Un reloj distante
Un reloj que mortifica
Un reloj distinto para tu alma
Para la mía

Recuerdos detrás de las ventanas
En tus padres las canas
En tus amigos arrugas
En tus hijos la herencia dormida

Oh, noche
Oh, día
¿Qué hacer por estas vías?
Vías de dolor y de esperanza
De muerte, y de nueva vida

jueves, 19 de enero de 2017

A veces

Es fácil pensar la vida en rosados colores
Fácil hacerse a la idea de floreados pastos
Fácil mirarte y fingir que todo ha cambiado
Difícil aceptar, a veces, que nos hemos estancado
Cayendo en picada hacia el cielo, a veces
Chocando con paredes de arena, a veces
Ahogándome en vasos de tequila llenos de agua
A veces
A veces
A veces pienso, y otras no tanto
Pero escribo siempre, no, también a veces
La mano cada vez más tiesa con el paso de los años
Con la llegada de la experiencia
Con las ideas enclaustradas
Con los sueños vencidos
Las promesas caducadas
A veces, a veces me leo y me desconozco
Un pequeño soñador y esperanzado
Un adolescente lleno de fuego y apasionado
Hoy, otro joven, triste y avejentado
A veces estoy, a veces ausente
Así como aquel momento en que estabas presente
Y a veces, a veces te miro a los ojos
Me reflejo
Te leo
Me lees
Y puedo sentir a aquel niño fuerte
Soñador y triunfante
Renovar a este joven ausente
Pero
Solo
A veces

martes, 25 de octubre de 2016

Cansado (léase: Esperanzado)

Me he cansado de la puta hipocresía
De luchar por mis sueños cada día
Me he cansado de estar aquí mirando
Aquellos cientos de entes por la acera caminando
Me cansé de ser inerte, de jugar a la suerte
De seguir adelante, de esperarte, de tenerte
De estar espectante al momento en que decidas luchar
De tomar las acciones, de cambiar y no solo marchar
Me cansé de levantarme y leer en el diario lo mismo
Que humillación, muertes, maltratos, condimentados de cinismo
Me cansé de mirarme al espejo y catalogarme inútil
De soñar que en un aula, frente a tantos, sería útil
Me cansé de quejarme detrás de un teclado
Me cansé de mirar el cielo en el pasto echado
Me cansé de toda esta realidad, de estas luchas sin unión
De mirarte hablar del colectivo, cuando pensás solo en vos
Me cansé, y aquí me lees, uno más de todo lo anterior
Solo espero que aquel aula sea un buen reflejo del interior
De miles de almas trastocadas anhelando el cambio
Ese cambio que empieza en nosotros; sí, vos y yo

miércoles, 14 de septiembre de 2016

Sentir; vivir; morir

Camino, escribo; escribo, camino. Sentado en el escritorio del desván, camino. Sentado, quieto, pero camino. Mi muñeca danza, la mente vuela, el texto nace, y el amor ya no se queja. Y camino. Pasa la vida frente a mi ventana, desde aquí veo a los nenes jugar en la plaza, veo la pelota volar hacia el techo de una casa, veo la tinta depositarse sobre las hojas, y camino. Me canso de caminar, y comienzo a trotar, luego a correr. El mundo gira a mi alrededor, pero está quieto; me mira con sus ojos ciegos, ¿me mira realmente? Yo lo veo, no sé si él. Me siento en el infierno de Descartes, y no sé si lo veo, pero creo verlo; dejé de correr, camino. Me cansé, miré alrededor mientras camino, el tiempo pareciera estar quieto, silencioso, vigilante, pero da igual, yo camino. Veo hacia el pasado, veo lo que voy dejando al caminar, fotografío las realidades que me invento al caminar, los rostros de amigos, de amigas, de paisajes, de casas, mis hogares. Veo tu rostro, me enamoro. Siento el viento, no veo su procedencia, ni su destino, mas yo camino. Me aventuro en lo seguro, en lo inseguro; en lo estable, lo inestable; en lo visible, y lo invisible. Te extraño, me extraño. Camino, y me encuentro con mi yo pasado, nos reímos, juntos lloramos, nos lamentamos, nos animamos. Reflexionamos, nos despedimos y, en direcciones opuestas, caminamos. Te busco, ya no caminas, miro el tiempo, ya no es el mismo; me jugó una trampa: corrió mientras yo solo caminaba. Si hay hijos, no lo sé; miraba otras cosas mientras caminé, perdí tu rostro, te idealicé, me frustré, recorrí el último trecho, y yaciendo te encontré. Te miré, me enamoré. Dejé de caminar, mis latidos sincronicé, me recosté. Contigo siempre ahora descansaré.

jueves, 8 de octubre de 2015

Desde las altas cumbres escribo para ti

Un día viajaba yo, por las altas montañas viajaba, recordaba yo tu amor, que en casa me esperaba. Poco sabías, mi amor, de mi paradero. Créeme que aún menos sabía yo.
Entre los pastizales de las más altas cumbres, a pensar me puse: tan joven soy y tan amante, tan cerca del calor de tu corazón y aquí tan distante, tanto te amo yo y aquí sin poder besarte.
Recordé que te gustaba que escribiera, que te escribiera. Acá estoy, contemplando este verde y florido paisaje, ese río descendiendo desde la punta nevada, "que hermoso contraste invierno primaveral", pensé.
(Te dije que antes de clavar la punta de mi lápiz otra vez, me inspiraría bien. Entonces me moví hasta estos tranquilos paisajes).
Saco de mi bolsito viajero este bloc, un bloc de notas común y silvestre para retratar estas cosas, que para ti, hay en mi mente.
(Y no hay nada peor, justo cuando empezaba a inspirarme, el lápiz se agotó, tanto que ni el fuego derritió la tinta que restaba para dedicarte algunas palabras, pero no hay buen escritor tan precavido que traiga otra lapicera o su recarga. Y vuelvo a las canchas).
Empezaré por decirte que te extraño, más de lo que puedes imaginar, o más de lo que crees que yo puedo extrañar. Sí, tu aroma, la caricia de tus cabellos, la intimidad de nuestras miradas, el calor de tus besos en mi cuello, la soltura y el ritmo de nuestros cuerpos. Extraño tu risa, la dulzura con que miras, el amor que transmites al hablar y esos eternos abrazos que nos echan a volar.
Es cierto, despertaría cada mañana y me acostaría cada noche sabiendo que comparto mi vida con la Dulcinea amada. No por ideales, caprichos, ansiedades, sino por compartir, por regalar, mis días a quien tanto amé, amo, amaré.
Le echan la culpa a Hollywood por soñar en amores sin fin, prácticamente ideales, pero ¿no lo hace García Márquez al recordar, al retratar, a sus padres? ¿no es la ficción una mera copia impregnada de realidades? No son amores sin fin, son amores que nacen al despertar y mueren al dormir, se renuevan cada mañana al decidir nuevamente por ti, por mí. Que burdo pensar en Adam Sandler y "como si fuera la primera vez", pero es así, despertar y recordar por un momento todo lo que ha acontecido hacia atrás, darte cuenta que estás al lado de quien amas de verdad.
Pensar en un futuro, quizás no ideal, no perfecto, nada de colores rosas, pero en una familia con un núcleo de amor, unidos al son, luchando juntos por ser mejor. Soñar...
Es hora ya, creo que te he de faltar, no esperes más. Desconecto mi alma de este tranquilo lugar y corro a ti, corro a tus brazos, corro para que juntos podamos volar, podamos soñar.

domingo, 4 de octubre de 2015

Divagaciones: La vida, efímera vida

Vientos, vientos por doquier. De aquí para allá van, no sé por dónde vienen, menos sé para dónde van. Y así comenzó a caminar la vida.
Un efímero instante, pensaba, sí, pensaba día tras día que era un efímero instante. No podía dejar de tener aquello presente. Un dolor, una risa, un roce, una caricia, un golpe, una caída, la vida no era suya, ni siquiera podía considerarla vida.
Comenzó a caminar por las calles, por las noches, por las solitarias calles. Esa soledad era yo, eramos juntos, eramos. Pensar, cuán importante es no estar solo, que esencial es aprovechar ese suspiro que un guión luego representará en una lápida. Extraño esas mañanas infantiles de corretear en los recreos, extraño esas tardes de leer postrado en la cama como un enfermo, aquellas noches de trasnoche, de jugar, de platicar, de disfrutar. Las cosas han cambiado, la vida evolucionó (¿o involucionó?). Inmersos en rutina. Inmersos en la rueda de la vida, que rueda y rueda, como diría Páez. Y se nos va, pasa por un costado, y se nos va. Quedamos sin saber si la vida nos persigue o si somos nosotros tratando de alcanzarla. Y se nos va.
Ahí estoy, mirando, mirándolo, mirándolos a todos correr, de un lado a otro como en el Naveta, cuántos paros cardíacos ante ellos que no perciben el ritmo de esta triste y repugnante vida. Inevitable es recordar al Señor Samsa, oh, vaya forma de no vivir, de vivir y no poder vivir. Y se nos va.
Contextos vacíos, monólogos cruzados, estrés crónico, desorganización genética.
En eso estaba mientras tomaba mi café frente a la playa, eh, bueno, playa... Ya casi no queda playa, pero veo el mar chocar contra las paredes del local, mojar las veredas, casi no nos queda arena en la orilla, y reflexiono: el tiempo nos corroe, nos quita nuestra playa, nuestra costa, el mar arrasa y los recuerdos se evaporan, los traumas se quedan, el agua entra y nos corrompe.
Me retiro, escapar sin pagar sonaba tentador, demasiado honesto para hacerlo, demasiado efímero para hacerlo. Saludé, agradecí, tomé un periódico y me fui. Esquivando bicicletas y rollers por la ciclovía. La vida necesita algo de adrenalina, creo.
Hacia el norte me trazaba camino el destino, ¿el destino? La ciclovía terminó, la carretera comienza, el viento es fuerte, hay marejada. Y solo me queda el amor. El amor enciende mi vida. El amor desborda las fuentes que alimentan mi alma. Sueño despierto, sueño en esta tormenta descontrolada. A la orilla de la costanera camino. Camino sin rumbo, sin destino fijo, camino en dirección al amor. Me devuelvo y camino hacia el sur. Persigo a quien me ama, persigo a quien amo. Un conductor insensato, descontrolado. Subió a la acera y bajó conmigo al acantilado. La vida es viento: no sabes cuándo viene y cuándo se va.

martes, 21 de julio de 2015

Ocaso

¿Has pensado en cavar tu propia tumba alguna vez? ¿Has pensado que en la pereza se encuentra la mayor reserva de la más detestable insensatez? ¿Has pensado acaso? ¿Es una actividad neurológica ardiente detrás de lo miran tus ojos? Yo pienso y mis ojos solo ven tu ocaso, ven mi ocaso.
Y es que no puedo estar más terriblemente mal, no puedo. He cruzado las barreras, he destruido los muros, he quemado mi propia ciudad tal como Nerón lo hizo. He destruido a precio de nada, a placer de idiota, a ceguera ininteligible. Pero la culpa no era mía, la culpa no es mía, no me pertenece (o eso quiero creer). He cavado mi tumba cuando aquel día comencé a echar gasolina y explosivos en los alrededores de mi interior. Mera decoración. La gasolina sin arder huele bien y los explosivos le daban fulgor con su rojo color a aquellos oscuros rincones. Llené todo y poco a poco empecé a rozar las piedras de mi encendedor. Poco a poco.
¿Acaso lo has pensado? ¿Te has mirado de forma introspectiva para darte cuenta que con una simple pala has cavado en la tierra tu propio atardecer, que le has abierto paso al ocaso de tu vida?
Yo lo vi, lo sentí, lo comencé a construir, prendí fuego y todo comenzó a arder. Tardó tiempo en consumirse, es más, el fuego me confundió creyendo que ese vivo ardor era proveniente del Sol. Me engañe, pero me quedé a ver el espectáculo. Aquel que al terminar solo dejó cenizas desparramadas en todo el interior. Una ciudad abajo, en el suelo, infértil, inútil, pasada e indolora. Ya no había ninguna esperanza. El ocaso llegó.
¿Te has visto? ¿Esto hay dentro de ti? Es lo que hay dentro de mí, es lo que me rodea. Un detonante que me lleva a minar mi vida y otro que me llevó a explotarla, a hacerla desaparecer entre las llamas. ¿Acaso te has despreocupado? ¿Por acordarte de todos no te acordaste de ti mismo? ¿No te amaste? ¿Y por qué, entonces, dijiste amar a otros si no fuiste capaz de hacerlo contigo? Ilusiones vivimos sin darnos cuenta siquiera que estamos lejos de la Verdad, que nos hundimos más, que nos perdemos sin encontrarnos, sin dejar que nadie lo haga. ¿Está bien? Está pésimamente bien. No hay más, no queda más. Todo derribado, sin oportunidades, ni segundas, terceras, cuartas ni quintas chances. Se acabó... Espera, ¿se acabó?
Y es ahí cuando el ocaso se acaba. En el horizonte vuelve a rayar el alba, vuelve a iluminarse esa pequeña raya que comienza a engrosarse. Ya no es una línea, es un eterno rectángulo. Y luego pasa a ser un gran ventanal que se abre y te muestra todas esas ruinas, pero que aún tienes las herramientas de acero, las de hierro, las mejor forjadas en tu vida para volver a levantar todo aquello que se quemó, que se difuminó en el tiempo, porque aquello que fue bien cimentado no podía ser consumido por el fuego, porque cuando a prueba fue puesto, no se consumió.
¿Has pensado acaso? El ocaso a veces se hace eterno, pero es el momento para que el alba haga su trabajo y nos muestre que no todo está acabado, que no todo es cenizas ahogándose junto a nosotros en la oscuridad. Que aún quedan fuerzas, energías, dos manos y dos piernas para agarrar lo que permanece para permanecer un rato más en el tiempo.