sábado, 15 de noviembre de 2014

A veces se nace en el tiempo equivocado

A veces se nace de costado, a veces acorralado. A veces se nace en el tiempo equivocado, pensando como hace 40 años, pero en el siglo presente. Quizá 50, 60 o 70, en verdad, un siglo atrasados.
A veces se nace en el tiempo equivocado, buscando y hallando o encontrando sin buscar o buscando sin hallar. Hablamos sin escuchar, pero cuando escuchamos no hablamos; estamos en un mundo desequilibrado.
El tiempo equivocado, donde el mañana es hoy, el hoy fue hace algunos años, ¿y el ayer? El ayer es historia, una historia que nadie quiere escuchar. Perdimos la sensibilidad, la capacidad de soñar y, a veces, creemos haber nacido en el tiempo equivocado, con los compañeros equivocados, viviendo una muerte lenta, o una vida vacía, creerse en el lugar incorrecto...
Pero no se nace en el tiempo equivocado, sólo se nace, se nace, se crece, se reproduce y se muere. Al menos así, de simple manera, lo explica la biología. Pero falta algo: se siembra, se planta, se cosecha, se cosecha en el momento indicado, en el lugar correcto y en el tiempo más indicado.
Pero seguimos creyendo que, a veces, se nace en el tiempo equivocado...

lunes, 10 de noviembre de 2014

La vida en off

Corría inmerso en el pavor de la niebla densa que cubría cada poro de mi cuerpo, sólo resaltaban los ojos que hacían contraste con el cielo, con los pajaritos azulados que revoloteaban por doquier, yendo hacia ningún lugar. La espera era inmensa, el hogar estaba cada salto más lejano y el final cada vez más cercano. ¿Me perseguiría algo? No lo sé, pero jamás había corrido tan rápido, empapado de un bosque verde añejo, de una espesa niebla que pintaba un gris tétrico y un cielo abierto de par en par, sin sol que lo acobijara. Hace unas horas estaba sentado en la tranquilidad de mi sillón, lo último que recuerdo. Oí un estruendo y pareció que pasaron horas. Desperté golpeado en este bosque, mi reloj estaba parado sólo 23 minutos después de aquel ruido ensordecedor. Había mil carteles a mi alrededor que decían: Run! Run or die! Debo llevar casi media hora corriendo, pero creo que esto no me lleva a destino, sólo doy vueltas en medio de este desolado miedo que carcome mi espíritu. Ya logro divisar la salida de la niebla, logro divisar el fin de este bosque. Mi hogar cada vez más lejos, la muerte cada vez más cerca. No sé qué rayos hice, no sé por qué a mí, pero la angustia me invade cuando me doy cuenta de todo lo que dejo atrás. Mi familia, mis amigos, años de servicio salvando vidas, todo en la nada, todo en el vacío, todo dentro de todo. Se acabó. Ahí está la salida y sólo puedo oler el agridulce hedor de la muerte. Salí y ahí estaba, estaba mi hogar, mi casa, mi años de trabajo, mis inversiones cayendo al vacío, en declive hacia el abismo. Salté sobre ellas, pero era demasiado tarde. Me hundí en el dolor y muerta ya estaba mi alma junto a mi superficial existencia. Era el fin, era el tope, era el cierre de esta calle sin salida llamada vida. Todo se hunde en el vacío junto a mí...

sábado, 18 de octubre de 2014

Carta al Viejin

Hola, ¿papá? ¿estás ahí? Uff... tantas cosas que contarte, tanto tiempo sin verte. Créeme, es difícil acostumbrarse a vivir sin ti. Se te extraña por estos lados, bastante, y en el otro lado de la cordillera, ya se te extrañaba, así que imagínate ahora. Las lágrimas se quieren asomar mientras escribo estás letras para ti, pero he aprendido a retenerlas en ocasiones, ¿por qué? No sé, pero aprendí un poco de las cosas que solías decir, como "no llores sobre la leche derramada", y sí, pensé que no lloraría más después de aquella semana del 13 de mayo... pero no ha sido así, estás ahí presente constantemente en mis recuerdos, en mi corazón. Es estúpido mencionarlo, pero obviamente no puedo enterrar los recuerdos, no puedo enterrar todos esos momentos que viví junto a ti y seguir así sin más, construyendo esta nueva vida que se presenta. Viejín... pucha que te extrañamos, que te extraño. He aprendido a hacer muchas cosas ahora que me encantaría haber compartido contigo. Lástima haber empezado tan tarde, que ya no estés aquí para esto, pero creo que heredé tu gusto por la cocina y por ahí dicen que le pego a la cosa. Conocí a una chica, y ya cumpliremos cinco meses, te hubiera encantado, es muy sencilla, linda y tierna. Y ha sido un tiempo fenomenal junto a ella. De verdad que te hubiese agradado mucho.
Tu cumpleaños se acerca, el primer aniversario de tu nacimiento sin ti. Que difícil. Cuánto te amo viejo. No fueron fáciles los últimos días que estuve contigo, empezando por todas esas horas esperando en el hospital para que nos dijeran que era un mísero quiste. Tu salud empeoraba y luego, teniendo que lidiar conmigo y mis sentimientos revolucionarios contra algunas autoridades. En eso quedamos, en eso quedamos... Hice las cosas que me pediste, pero ya era tarde. Ya era tarde, porque ya no estabas.
Sí Viejín. Sí papá. He crecido bastante, otro crecimiento de golpe más para la lista. No ha sido del todo oscuro, pero no es lo mismo sin ti, sin tus palabras, sin tu apoyo, sin tu compañía, sin ti uniendo más esta familia que formaste junto a mamá. Quizá no leas estas palabras jamás, pero aquí están, esperando algún día ser pronunciadas. Te amo papá y estés donde estés, te mando un fuerte abrazo. He aquí tu hijo que te ama, te admira y te extraña.
Nico...

viernes, 3 de octubre de 2014

Emprendiendo un sueño en un eterno desvelo

Mi noche, tu noche, nuestra noche, la noche de todos. Soñando, volando, buscando, emprendiendo vuelos en sueños que no existen, un desvelo que no tiene fin, las almohadas son mis enemigas, las sábanas me envuelven con furia y las frazadas ahogan mis pensamientos. Por eso sueño, sueño en el desvelo, sueño con ojos entreabiertos, sueño despierto. Sueño que vuelo hacia tierras donde Morfeo está extinto, tierras lejanas donde los sueños son las realidades, y las realidades son sólo tristes pesadillas. Sueño. ¿Por qué sueño? ¿Por qué me quitas el sueño? Quizá al principio me lo quitabas, ahora simplemente te lo doy, porque me gusta soñarte, verte cuando no se puede. Sueño y escribo. Escribo y sueño. Letras que reflejan mis más profundos sueños, mis mundos más ocultos, mis divagaciones más certeras, mis mentiras verdaderas. Y sueño. Los ojos siguen entreabiertos y veo el alba, siento que el tiempo ha volado como si hubiera leído las páginas de un libro, pero sólo estaba allí, soñándote, leyendo nuestro libro, nuestra historia, nuestro viaje de ida y de vuelta hacia la luna montados en un caracol. Soñar... Soñar despierto, emprendido en medio de este desvelo sin fin, de ojeras que parecen toboganes, cascadas, fozas o grandes lagunas de recuerdos, de extrañarte, de soñarte. ¿Quién me manda a tanto? ¿Quién? Pero aquí estoy, entre un mediodía y un atardecer, soñando en mi eterno desvelo de tus recuerdos...

martes, 30 de septiembre de 2014

Cuando no sabes que te extraño...

Cuando se extraña, se extraña. Cuando se ama, se ama. Y a veces pasan las horas y esto incrementa: más amas, más extrañas. Y esperas cada segundo a que esa persona vuelva a estar delante de ti, vuelvas a sentir su respiración, vuelvas a jugar al cíclope en la cercanía de las miradas, vuelvas, vuelvas a sentir sus brazos abrazándote, sus manos acariciando tus cabellos. Vuelves a respirar tranquilo. Ya no hay preocupaciones, ya no hay mundo alrededor. Sólo tú y ella. Nadie más. Miradas que van y vienen. Pero cuando no estás... cuando no estás, simplemente no estás, pero no es tan simple. Simple es que no estuvieras y ya, pero no estás y faltas. Te das cuenta de que algo falta, algo está ausente, algo se encuentra apagado. Cuando no sabes que te extraño, realmente te estoy extrañando. Difícil de explicar, pero pasa. Somos animales de costumbres, como dicen por ahí. ¿Acostumbrado a ti? Quizá sea eso. Acostumbrado a verte, a sentirte cerca. No se trata sólo de una pasión física, es cuando te das cuenta que falta esa charla cara a cara, o simplemente ese momento para reír. Cuando no sabes que te extraño, estoy allí, detrás de tus ventanas, quizá también tienes presente eso y me extrañas. O quizá no lo hagas. Y gasto mi tinta, mis teclas, seco mi cabeza para buscar las palabras correctas que expresen todo lo que tengo que expresar. ¿Una canción, una frase, un poema robado? ¡No! ¿Para qué? Comenzar a buscar las palabras precisas para expresar todo lo que haya que expresar, decir todo lo que haya que decir... y aquí estoy, extrañándote cuando no sabes que te extraño.

Entre ideas y espejismos

El paisaje está desierto, ¿acaso se los han llevado a todos? Veo pocos vehículos pasar, dos o tres pelagatos transitar las veredas y yo, ahí, tan interno en el cuadro como una figura y tan externo como si fuera yo mismo el que pinta tal calamidad del arte, tan triste paisaje, tantas vidas solitarias.
Y camino en el panorama que me pinto, pero me olvido de el entre que mis ideas juegan al escondite y de a poco las voy encontrando, las voy descuartizando y las voy sembrando hasta que florezca algo de ellas. Es tan tediosa esta tarea, pero satisfactoria a la vez, me siento como Blade cazando vampiros o como Montag buscando libros para leer y luego quemar. Y ahí estoy yo, en mi propio laberinto (que ni siquiera conozco) buscando mis ideas, persiguiéndolas con el hambre de un perro que no ha comido en semanas, desesperado. "Quiero conclusiones, quiero más sabiduría, ¡quiero crear!" pensaba constantemente. Estaba en eso, cuando choco con una que solo gemía porque no le hiciera daño, que no la procesara aún, que no era el momento, que me tranquilizara y procesara lo que ya tenía y yo estaba fuera de mí, tenía que saber más, pero ella suplicaba y suplicaba que no lo hiciera, que ya basta, no más. Quedé perplejo. ¿Mi propia idea que acababa de hallar me estaba hablando, me pedía que no hiciera nada con ella? No puede estar pasando. Empecé a ver a mi alrededor y todo el laberinto desapareció, un ejército de ideas se acercaba y me iba rodeando. No me alcanzarían los dedos de las manos de toda la gente en el mundo para contar a este ejército intelectualoide. ¿Y ahora? De un momento se abalanzaron contra mí, era mi fin. Había procesado tantas ideas, las había dejado tan frescas que se multiplicaron a un número que ni Einstein, ni Pitágoras, ni Descartes, ni Pascal podrían procesar. La guerra de las ideas... interna. Tantas contradicciones que había cosechado, yo no era el objetivo, tan sólo estaba en medio de su campo de batalla y ellas sólo querían apoderarse de la inocencia de aquella última idea que tan simplemente suplicaba por vivir...

lunes, 8 de septiembre de 2014

Charlando con la sombra

Me siento a escribir unas líneas en medio de tanto trajín del día a día, tanto vaivén de ideas en la mente de este pequeño escritor deshidratado, golpeado por las circunstancias, por este destino cruel que desmorona todo alrededor. ¿Cómo definir la vida? No sé. Pero es algo hermoso, bastante hermoso. Las victorias y las derrotas tiñen la bella diversidad de los tintes que esta vida propone. Un camino bastante pedregoso y llano a la vez. Pero bueno, no me quiero detener en eso... Sólo quiero pensar, pensar que todo es color de rosas y la cotidianidad funciona como un reloj suizo. Pero no, no es así, nada puede ser tan perfecto cuando a seres humanos se refiere. Por eso volamos, volamos arriba de un gran acantilado que pareciera no tener fin, pero no hay que dejar de soñar, porque apenas paramos, caemos de golpe a la realidad (lo que no quiere decir que no haya que vivir con los pies sobre la Tierra). Simplemente vivimos, vivimos entre pasiones, entre alegrías y desilusiones. Estamos en una rueda que no se detiene y que va directamente a chocar contra paredes rígidas, hasta que nos damos cuenta y nos salimos de ella (lamento mucho por aquellos que no lograron escaparse a tiempo).
Tantos días de angustia, de problemas y desastres. Aunque todo esto no es motivo para echarse atrás o hundirse en lo desconocido, al contrario, motivo para echarse a andar y ser un agente para cambiar tan triste andar, darle sonrisas al Sol, regalar risas al opresor y recetar cosquillas a quien se oponga al calor de un abrazo. Llenémonos de gestos de cariño, de afecto, de cercanía antes que pensar en torturas, peleas o tiranías. Dejamos de sembrar amor para sembrar terror. Preferimos división antes que buscar una unión. Stop it! Es hora de reanimarse y volver a tratar de hacer la vida un lugar mejor...